SINTOMAS DE LA MENOPAUSIA
Sintomas Menopausia: Enfermedades Cardiovasculares
Las causas por las que aumenta el riesgo cardiovascular en la mujer tras la menopausia son múltiples y están relacionadas con la pérdida de la función cardioprotectora de los estrógenos:
Menopausia y
Colesterol
El colesterol es una sustancia necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Sin embargo, debe mantenerse dentro de unos límites de normalidad, ya que cuando está elevado supone un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular.
El colesterol total comprende principalmente el LDL-colesterol (sigla en inglés de la lipoproteína de baja densidad) y el HDL-colesterol (lipoproteína de alta densidad).
El LDL-colesterol está considerado como el colesterol "malo" porque es él que se deposita en el interior de las arterias formando unos cúmulos localizados (placas de ateroma) que progresivamente van estrechando el calibre o la luz del vaso.
No obstante, el HDL-colesterol está considerado como el colesterol "bueno", el "basurero" porque se encarga de "limpiar" las paredes de las arterias transportando la grasa al hígado.
Después de la menopausia se produce un aumento de los triglicéridos, del colesterol total, del LDL-colesterol y un indeseable descenso del HDL-colesterol, por lo tanto, la menopausia conlleva a tener peor el colesterol, por ende ser perjudicial para las arterias.
Menopausia y Diabetes
La menopausia también se asocia a un aumento de la resistencia a la insulina, lo que quiere decir que hay una mayor probabilidad de que los niveles de glucosa en la sangre suban, lo que también es malo para los vasos sanguíneos.
Está comprobado que la diabetes conlleva un mayor riesgo de enfermedad de las coronarias - coronariopatías (coronarias son las arterias del corazón).
Menopausia y aumento de peso y grasa
Además, este riesgo también se incrementa por el aumento del peso y el cambio de la distribución de grasa de periférica a central que suele aparecer tras el cese de la función ovárica en la menopausia, acompañados o no de hipertensión arterial.
Es un término médico utilizado para designar genéricamente las patologías derivadas de una alteración del riego sanguíneo, sea cardíaco o cerebral. Las de mayor incidencia son: en el área cardíaca, la angina de pecho y el infarto agudo del miocardio, las llamadas cardiopatías isquémicas y en el cerebro, el accidente cerebrovascular, también llamado infarto cerebral o ictus.
La arteria es la estructura anatómica responsable del aporte de sangre, y a través de ésta oxígeno como fuente de energía, a estos órganos vitales. Por consiguiente, de la salud de las arterías depende el buen funcionamiento del sistema de irrigación del corazón y del cerebro.
La causa más frecuente por la que "enferma" una arteria es que se deposite en sus paredes determinadas substancias (arterioesclerosis), como el colesterol o el calcio, y que esto disminuya progresivamente el calibre o la luz de la arteria.
Esta disminución de la luz del vaso reduce por consiguiente la cantidad de sangre, y por lo tanto de oxígeno, que llega a una determinada zona del músculo cardíaco o del cerebro.
Cuando la cantidad de sangre no es suficiente para nutrir y aportar la energía necesaria a las células del miocardio, o del cerebro, éstas se mueren. Como consecuencia, toda una zona de estos órganos deja de funcionar, generando un colapso total o parcial, dependiendo de la extensión de la lesión ocasionada.