MENOPAUSIA
Los Sofocos en la Menopausia
En términos generales, el sofoco es una repentina y transitoria sensación de calor que nace en el tórax y cuello, sube a la cara y posteriormente se distribuye por el resto del cuerpo. Se acompaña de enrojecimiento y sudor, y muy a menudo va seguido de una sensación de frío. En ocasiones hay palpitaciones, ansiedad, sensación de presión en la cabeza y pecho, de ardor, de ahogo, náuseas, y dificultad para la concentración.
Cada mujer experimenta y siente el sofoco, durante la menopausia, de una manera diferente. Asimismo, hay mujeres que tienen muchos sofocos y otras que nunca han tenido ninguno.
Los sofocos son un síntoma muy frecuente y molesto asociado a la menopausia. Se experimentan como una explosión brusca de calor y se acompañan de sudoración, sentimientos de irritación, ansiedad o pánico.
Algún sofoco ocasional pueden ser el primer signo de una menopausia incipiente. Las molestias vasomotoras o sofocos se dan en el 41% de las mujeres de 39 o más años con ciclos regulares y los síntomas aumentan con la duración del ciclo en la premenopausia. Alcanzan un máximo, en el 85% de las mujeres aproximadamente, en el momento del cese menstrual, y declinan muy lentamente hasta pasados 10 años o más de la menopausia.
Aparecen con más frecuencia e intensidad después de la extirpación ovárica bilateral y tras la histerectomía (extirpación uterina) con conservación de los ovarios que durante la transición de la menopausia normal.
Aunque estos sofocos no son peligrosos pueden provocar muchas molestias a las mujeres, hasta el punto de que a muchas de ellas les impide realizar sus actividades diarias con normalidad.
Los sofocos afectan fundamentalmente a la mujer perimenopáusica, es decir, puede sufrirlos una mujer que todavía tiene la menstruación. Y, por supuesto, puede tener sofocos una mujer que está ya en la postmenopausia, tanto natural como quirúrgica o sometida a otros procesos, como la quimioterapia.
Pero no hay que olvidar que las mujeres pueden padecer sofocos durante su vida fértil. No es raro que una mujer durante el embarazo o el puerperio se queje de sofocos.
La mayoría de las mujeres tienen sofocos (entre un 60-80%), siendo lo común que se mantengan durante dos años después de entrada en la menopausia.
Las mujeres con menopausia quirúrgica padecerán sofocos más intensos y más duraderos. Un 5% de ellas tendrá sofocos hasta los 75/80 años de edad.
Es interesante saber que los sofocos son más frecuentes en las mujeres occidentales. La presencia de los síntomas vasomotores varían mucho en otros pueblos y culturas. Por ejemplo, las mujeres mayas y las de Java apenas los padecen.
Se ha demostrado en trabajos científicos un mayor riesgo cardiovascular y de pérdida ósea en las mujeres con menopausia que presentan muchas crisis de sofocos (más de cuatro crisis al día).
Se ha llegado a afirmar que «la frecuencia y duración de los sofocos puede constituir la pieza clave del rompecabezas de la menopausia» (Oldenhave, 1994). Existe una mayor respuesta ante el estrés, tanto físico como social en las mujeres con menopausia que presentan sofocos respecto a las que no los presentan.
Todo ello, asociado a la mayor pérdida ósea en estas mujeres, nos lleva a pensar que la presencia de sofocos durante la menopausia es un factor importante a tener en cuenta a la hora de valorar el riesgo cardiovascular en la mujer menopáusica y condicionar alternativas terapéuticas capaces de mitigarlo.