MENOPAUSIA
Objetivos de la Terapia de Reemplazo Hormonal
Los síntomas se tratan restituyendo los niveles de estrógenos a unas cifras similares a las de la premenopausia. Los principales objetivos de la terapia de reposición de estrógenos son los siguientes:
- Aliviar síntomas como los sofocos, la sequedad vaginal y los trastornos urinarios.
- Prevenir la aparición de la osteoporosis
- Prevenir la aterosclerosis y las enfermedades de la arterias coronarias.
Los estrógenos se presentan en forma no sintética (natural) o sintética (producida en laboratorio). Los estrógenos sintéticos son cien veces más potentes que los naturales y, en consecuencia, no es recomendable su administración a mujeres menopáusicas, ya que con dosis muy bajas de estrógenos naturales ya se evitan los sofocos y la osteoporosis. Así mismo, las dosis muy altas pueden causar problemas, como un aumento en la tendencia a sufrir migrañas.
Los estrógenos se administran en forma de comprimidos o de parches cutáneos (estrógenos transdérmicos). También pueden aplicarse en la vagina en forma de crema cuando las razones principales para su uso son evitar el adelgazamiento de la superficie de la pared vaginal (lo que reduce el riesgo de infecciones urinarias e incontinencia) y evitar dolor durante el coito. Parte de los estrógenos administrados se absorben y pasan a la sangre, sobre todo a medida que mejora el revestimiento vaginal.
Debido a que los estrógenos provocan efectos secundarios y conllevan riesgos a largo plazo, al mismo tiempo que beneficios, la mujer y su médico deben sopesar los beneficios y las desventajas antes de decidir la administración de una terapia de reposición de estrógenos. Los efectos secundarios incluyen náuseas, malestar en las mamas, dolor de cabeza y cambios del estado de ánimo.
Las mujeres posmenopáusicas que toman estrógenos sin progesterona tienen un mayor riesgo de sufrir cáncer de endometrio (cáncer del revestimiento interior del útero); la incidencia es de una a cuatro de cada 1 000 mujeres al año. El aumento está en estrecha relación con la dosis y la duración del tratamiento. Si una mujer presenta una hemorragia anormal por la vagina, puede realizarse una biopsia (obtención de una muestra de tejido para ser examinada al microscopio) del revestimiento interior del útero para determinar si tiene cáncer de endometrio.
Las mujeres que padecen esta enfermedad y que están tomando estrógenos en general tienen un buen pronóstico: alrededor del 94 por ciento sobrevive 5 años. La administración de progesterona junto a los estrógenos elimina casi totalmente el riesgo de padecer cáncer de endometrio, y lo reduce aún más en las mujeres que no toman estrógenos (una mujer a la que se le ha extirpado el útero no puede desarrollar este cáncer). La progesterona no parece anular los efectos beneficiosos de los estrógenos sobre las enfermedades cardiovasculares.
Una cuestión importante es si el hecho de tomar estrógenos aumenta la incidencia del cáncer de mama. Sin embargo, no se ha demostrado de forma evidente ninguna asociación entre el tratamiento sustitutivo con estrógenos y el cáncer de mama. El riesgo de cáncer aumenta cuando se toman estrógenos durante más de 10 años. La mujer con un riesgo elevado de desarrollar cáncer de mama no debería tomar estrógenos. No obstante, para las mujeres proclives a sufrir osteoporosis y enfermedades del corazón y para aquellas con poco riesgo de desarrollar cáncer de mama, el beneficio obtenido gracias a la terapia con estrógenos compensa con creces los posibles riesgos.
El riesgo de contraer una enfermedad de la vesícula biliar durante el primer año del tratamiento sustitutivo con estrógenos está aumentado discretamente.
En general, la terapia sustitutiva con estrógenos no se prescribe en mujeres que tienen o han tenido cáncer de mama o un cáncer de endometrio avanzado, que presentan hemorragias genitales de causa desconocida o que tienen una enfermedad hepática grave o alteraciones en la coagulación sanguínea.
Sin embargo, a veces los médicos administran estrógenos a mujeres que fueron tratadas por un cáncer de mama en sus primeras fases y que no sufrieron ninguna recidiva al menos en los últimos 5 años. En general, la terapia constitutiva con estrógenos no está indicada en casos de enfermedad crónica del hígado o de porfiria aguda intermitente.
A las mujeres que no pueden tomar estrógenos se les pueden prescribir fármacos ansiolíticos, progesterona o clonidina para reducir el malestar que provocan los sofocos. Los antidepresivos también alivian la depresión, la ansiedad, la irritabilidad y el insomnio.